jueves, noviembre 11, 2004

INTERNACIONAL: LA LARGA MARCHA DE CHINA POR CONQUISTAR EL SIGLO XXI (1a parte) (Bea Hernández)

En nuestro weblog hemos querido, desde un principio, dar a conocer cuál es la realidad que se vive otros países, qué ocurre en otras zonas del planeta. Por eso y viendo que China cada vez tiene más peso en el ámbito internacional, creemos oportuno hacer un repaso a ese camino que ha iniciado. Probablemente no es estrictamente una “pieza” sobre política pero sí estamos convencidos que, en el futuro, China va a convertirse en un país determinante a nivel económico y, por tanto, también lo será a nivel político.
Por eso, a continuación os dejamos con un artículo publicado para la edición especial del número 10.000 de El País. Es un artículo de Georgina Higueras.


LA MUERTE DE MAO, EN SEPTIEMBRE DE 1976, DIO PASO A UNA DE LAS TRANSFORMACIONES SOCIALES MÁS VERTIGINOSAS DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD. EL “SOCIALISMO CON CARACTERÍSTICAS CHINAS” PUESTO EN MARCHA POR DEN XIAOPING Y SUS SUCESORES BUSCA HOY HACER VALER SU PESO ECONÓMICO TAMBIÉN EN LA ESFERA INTERNACIONAL.

La China que acogerá los Juegos Olímpicos en 2008 y la Exposición Universal en 2010 apenas tiene que ver con la de ahora. La China de entonces era un país aislado, sumido en el miedo y el silencio, que cinco meses más tarde finalizaba uno de los capítulos más trágicos de su historia: la Gran Revolución Cultural (1966-1976).
Hoy, convertida en la sexta potencia económica del mundo, integrada en los principales foros internacionales e incluso invitada a participar en las reuniones del G-7, el club de los siete países más ricos del planeta, China se encamina a cumplir su objetivo de convertirse en la potencia del S:XXI.
El 9 de Septiembre de 1976 moría Mao Zedong, quien jamás pudo imaginarse que Deng Xiaoping tardaría tan poco en desmantelar su reino. El llamado arquitecto de la reforma tardó algo más de dos años en embarcar al Partido Comunista Chino (PCCh) en una nueva revolución cuyo fin era la modernización del país. La espiral desarrollista se inició con una frase clave: “Enriquecerse es bueno”. Los chinos, pragmáticos donde los haya, tomaron al pie de la letra las palabras del veterano líder y se lanzaron entusiasmados a la búsqueda de dinero, símbolo del mal en los duros años del comunismo ortodoxo.
Abierta la espita del cambio, la transformación de la economía adoptó un ritmo tan vertiginoso que se ha convertido en una especie de torbellino que arrastra consigo el modelo social, las costumbres y el marco de las relaciones en el seno de una sociedad con 5.000 años de historia y 1.300 millones de habitantes. China es el único país del planeta que ha tenido un crecimiento económico medio anual del 9% durante más de un cuarto de siglo. Jamás en la historia de la humanidad habían abandonado la pobreza en un plazo tan corto tantos millones de personas.
Las cifras macroeconómicas de China son apabullantes: desde más de 50.000 millones de euros de inversión extranjera- segundo país del mundo, tras EEUU- hasta el 11% de las reservas mundiales de divisas, pasando porque sus exportaciones suponen el 4.5% del total mundial. Pero el milagro económico se palpa sobre todo en la calle. En 1985 sólo había dos coches privados en todo el país, y en menos de 20 años ya se acercan a los 2 millones Shanghai, la bella ciudad portuaria que se extiende sobre el delta del Yangtsé, tenía un único rascacielos y ahora, un bosque de 300 torres de cristal y acero, algunas de las más altas del mundo, ha hecho irreconocible el París chino, como llegó a conocerse la ciudad en el siglo XIX, cuando se la repartían las concesiones de las potencias extranjeras.
Lo más sorprendente es, sin embargo, que haya sido el Partido Comunista Chino el motor del cambio y el que ha situado el país en un camino sin retorno hacia el pasado. Pese a que el PCCh es ahora más fuerte que nunca, nadie en la República Popular fundada por Mao Zedong en 1949 piensa que es posible una vuelta a la ortodoxia comunista. Deng, ue mantuvo las riendas del PCCh hasta su muerte, en 997, defendió con firmeza que la apertura al exterior tenía por objetivo la transformación de las obsoletas estructuras económicas y no la democratización del sistema político. El sangriento fin de la revuelta estudiantil de Tiananmen, en Junio de 1989, fue el episodio más trágico de la determinación del régimen de asir el poder con puño de hierro.
La bonanza económica trajo, sin embargo, la estabilidad política. El pasado 19 de Septiembre culminó la primera transición pacífica de poderes de la historia de los comunistas chinos. El proceso iniciado en el XVI Congreso del PCCh, celebrado en el otoño de 2002, en el que Jiang Zemin cedió el liderazgo del partido a Hu Jintao, se ha cerrado al asumir Hu la presidencia de la Comisión Militar Central (CMC), el último cargo de Jiang.
A sus 61 años, Hu Jintao ostenta los tres cetros del poder de China: secretario general del PCCh, jefe del Estado, desde marzo de 2003 y presidente de la CMC. Al frente de la llamada cuarta generación de dirigentes, Hu Jintao se hace cargo de un partido que goza de buena salud, con 70 millones de afiliados; de un Estado que, bajo la fórmula del “socialismo con características chinas”, pugna por convertirse en la segunda potencia económica mundial en una docena de años, y del mayor ejército del mundo, el Ejército Popular de la Liberación, con 2.3 millones de efectivos, que en la actualidad está empeñado en su modernización.
Aunque hasta los más reticentes se han rendido a los logros de China, en su andadura se han creado una serie de efectos negativos cuyas consecuencias amenazan a medio plazo la estabilidad del país. Se trata de las enormes diferencias establecidas entre la sociedad rural, a la que siguen perteneciendo unos 800 millones de chinos, y la urbana. El despegue económico de los últimos años se ha hecho a costa del abandono de campesinado, que se ve forzado a emprender una migración clandestina para escapar de las duras condiciones de su existencia. La brecha se ha abierto también entre la costa, a la que han afluido las inversiones, y el interior, dormido en el pasado.
Este cambio de rumbo interno va también acompañado de una nueva estrategia externa. Hu Jintao, un nacionalista moderado, apuesta por que China comience a jugar en la esfera internacional un papel acorde a su peso económico, con el que pueda contrabalancear la política de cañoneras de EEUU. La nueva dirección china, que funciona más por consenso que por el liderazgo de Hu, es favorable a dar prioridad en política internacional a la Unión Europea, Rusia, Brasil y los vecinos asiáticos como fórmula para fomentar la independencia de EEUU e impulsar la creación de un mundo multilateral.
A la enorme satisfacción que supuso para el PCCh la recuperación en 1997 de Hong Kong, cedido a la Corona Británica como consecuencia de la derrota de la dinastía Ping en la 1ª guerra del Opio (1840), Kowloon y los Nuevos Territorios, siguió dos años después la reintegración de la diminuta colonia portuguesa de Macao, sobre la que China ya tenía soberanía. Sin embargo, no hay avances en cuanto a la recuperación de isla de Taiwán, refugio de los nacionalistas desde 1949 y espina del PCCh. De ahí que la gran incógnita de China siga siendo Taiwán.
La isla rebelde, como se denomina a Pekín, se ha convertido en la primera inversora del continente, y cerca de un millón de taiwanenses han optado por cruzar el estrecho y asentarse en las costas en que han establecido sus lazos económicos, se ensanchan las ansias de independencia de buena parte de la población de la isla y las ansias por reunificar la patria del sector más nacionalista del continente. Los expertos señalan que ha aumentado el peligro de un enfrentamiento en el estrecho. La intransigencia de Pekín a la independencia de Taiwán facilita, según los expertos, que Washington juegue su carta de apoyo a Taipei como maniobra para frenar la maquinaria del poderío chino.
Precisamente la caída de Jiang Zemin, que podía haber permanecido hasta 2007 al frente de la Comisión Militar Central fue propiciada por una imagen pro estadounidense, que no sólo se debe a la política exterior desarrollada sino también a que sus dos hijos han amasado grandes fortunas como directores de empresas conjuntas chino-norteamericanas.”Nunca copiaremos de forma ciega el sistema político” de Occidente, dijo Hu Jintao cuatro días antes de hacerse con la presidencia de la Comisión Militar Central, en un mensaje dirigido a quienes confiaban en que el éxito económico se plasmaría en la apertura del sistema político. Pero la 4ª generación de dirigentes, que está dispuesta a ejercer una autoridad “más cercana al pueblo”, exige con más firmeza que su predecesora una lealtad, que pasa por el reconocimiento del PCCh como único partido capaz de conducir China hacia el futuro. Como “el socialismo con características chinas”, Hu Jintao considera que no hay más espacio de reforma política que la “democracia con características chinas”, que supone un régimen semiautoritario de partido único.