jueves, enero 13, 2005

INTERNACIONAL: Palestina, ¿una nueva etapa? (Bea hdez)

NOTICIA: El Periódico 12 Enero 2004

El primer ministro israelí, Ariel Sharon, telefoneó ayer al presidente electo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Abú Mazen, para felicitarle por su victoria en las elecciones del pasado domingo y ofrecerle su colaboración.
De acuerdo con los portavoces de ambos dirigentes, Sharon y Abú Mazen acordaron celebrar una cumbre en breve para impulsar el proceso de paz."El encuentro podría tener lugar dentro de dos semanas, aún no se ha fijado la fecha, pero se hará próximamente", dijo el ministro de Asuntos Exteriores de la ANP, Nabil Shaat. Poco antes de la llamada, durante la primera reunión de su nuevo Gobierno de Unidad Nacional, Sharon afirmó ante sus ministros que "pronto" se reunirá con Abú Mazen para hablar, sobre todo, de las acciones que acometerá el nuevo presidente palestino "contra el terror".No fue la de Sharon la única llamada israelí que recibió ayer Abú Mazen, que también habló con el presidente del Estado, Moshe Katsav. El intercambio telefónico al máximo nivel --que no se producía desde que empezó la Intifada-- simboliza los aires de optimismo que corren en la zona. La prensa israelí publicó informaciones filtradas según las cuales Sharon está dispuesto a replegarse de las ciudades de Cisjordania si las fuerzas de seguridad palestinas evitan los ataques contra soldados y colonos israelís.El secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, también telefoneó al presidente electo de la ANP. "Creo que Abú Mazen comprende que debe tomar públicamente una posición fuerte y clara contra el terrorismo", comentó Powell después de la llamada.RENUNCIA SIMBÓLICAYibril Rayub, asesor de seguridad nacional del presidente de la ANP, presentó su dimisión para que el presidente electo pueda elegir el asesor que considere más oportuno. Rayub, uno de los fieles del fallecido Yasir Arafat, fue primero responsable de las Fuerzas de Seguridad Preventiva en Cisjordania y después asesor del rais.En plena borrachera de optimismo, el Ejército israelí puso ayer la nota de realismo al pedir autorización al fiscal general para destruir 3.000 casas de palestinos en Rafah a fin de construir una zanja entre la frontera de Gaza y Egipto para evitar el contrabando de armas. Israel acusa a los activistas palestinos de traficar con armas a través de túneles.


MIRANDO ATRÀS: "EL NAUFRAGIO DE LA PAZ EN PALESTINA"

Autor: M.A. Bastenier para el diario EL PAIS.

¿Por qué parece hoy imposible la paz en Palestina? Fundamentalmente, hay que hablar de un equívoco y un error.
El conocimiento estándar sobre el conflicto discurre más o menos así: los extremistas de ambos bandos son los que destruyen toda posibilidad de solución negociada. Los radicales israelíes, porque pretenden anexionarse la mayor parte de los territorios ocupados, reduciendo con ello al pueblo palestino a ala administración de un bantustán inviable; y el movimiento que dirigía Yaser Arafat, porque exigía la evacuación de toda Cisjordania, Gaza y Jerusalén-Este, a la vez que encubre y alienta el terrorismo de Hamás, cuyo objetivo último sería la destrucción de Israel. Esta visión que se presenta como equidistante entre las partes, se ha enriquecido recientemente con el reconocimiento de la victoria de Ariel Sharon en las elecciones de Febrero de 2001 ha corrido el gobierno israelí a posiciones ultranacionalistas. Los extremistas de ayer son los gobernantes de hoy.
El equívoco consiste en creer que la solución a esa equidistancia ha de ser un compromiso territorial –ni para ti ni para mí- que parta las diferencias; pero, muy al contrario, el justo medio es la plena satisfacción de las reivindicaciones palestinas, de acuerdo con las resoluciones 242 y 338 de la ONU, que obligan a Israel a retirarse de todos los territorios ocupados en la guerra de 1967. La Autoridad Palestina no pide, por tanto, que Israel haga concesiones, sino que cumpla los dictados de la ONU. La intransigencia de Israel significa, en cambio, que no acepta una paz sin ganancias territoriales, sin los dividendos de las guerras victoriosas que ha librado contra el mundo árabe.
El error tiene que ver con los términos en los que se negoció el Acuerdo de Oslo, firmado en la Casa Blanca ante el presidente Clinton, el 13 de Septiembre de 1993. El movimiento palestino reconocía entonces a Israel, renunciaba a la violencia para resolver el conflicto, e Israel correspondía con el reconocimiento de la OLP como único representante del pueblo, con el que por fin se avenía a tratar directamente. No era exactamente la paz, sino un acuerdo para negociar ésta a partir de l reconocimiento de una cierta autonomía al pueblo palestino, en alguna parte de los territorios. El Estado sionista no prometía, sin embargo, ni Estado Independiente, ni retirada de Jerusalén-Este, ni solución al problema de los refugiados, expulsados de su tierra con la creación de Israel en 1948. Todos esos extremos quedaban para una negociación ulterior, cuando el régimen autonómico ya hubiera creado un clima de cooperación y confianza mutuas. Pero en el acuerdo había una omisión como un océano. Nada prohibía a Israel que continuara colonizando Cisjordania y la Jerusalén Árabe, como venía ocurriendo desde 1967. Tras un comienzo más que tormentoso de la aplicación de la autonomía, Rabin moría asesinado por un extremista judío en noviembre de 1995 –cuando, tras una breve pausa, ya se había reanudado la colonización- y en las elecciones de mayo de 1996 llegaba al poder Benjamín Netanyahu, líder de la ultraderecha, lo que, en la práctica, ponía fin a las negociaciones, haciendo que el conflicto se despeñara por el terrorismo palestino y la represión del Estado sionista.
El constante crecimiento de la colonización que a finales de 20004 abarcaba cerca de 200colonias, con medio millón de pobladores, no ha hecho sino engrosar las filas de Hamás y debilitar a la Autoridad Palestina, incapaz de hacer frente a los terrorista porque eso le llevaría a la guerra civil. ¿Es mejor un mal acuerdo que ningún acuerdo? El error palestino ha consistido en no prohibir explícitamente una colonización que, de un lado, le permite a Jerusalén crear realidades territoriales a las que ha advertido repetidamente que jamás renunciará y, de otro, niega a la Autoridad Palestina (AP) progresos reales sobre el terreno con los que convencer a su pueblo de que deje de apoyar el terror. En septiembre de 1993, el proyecto de paz era todavía prematuro.
Queda, por último, un factor que puede explicar por qué la opinión israelí cre hoy en la fuerza y no en la negociación. El politólogo tunecino Hamadi Redissi lo ha expresado así:”En cuanto a la cuestión de Palestina, tan justa en su principio, de la que Edgard Said, Tariq Ali, Noam Chomsky y tantos otros hacen la clave de la cuestión de Oriente (lo que incluye la guerra de Irak), ¿quién puede, sinceramente, garantizar que la yihak universal (Al Qaeda) cese con la creación de un Estado Palestino?”. Se estaría, entonces, ante un terrorismo autónomo, permanente, cuyo fin sería únicamente previsible por el exterminio de uno de los bandos en liza.